jueves, 30 de agosto de 2007

LA MUERTE DE PUERTA Y LA MEDICINA

La muerte del jugador de fútbol español Antonio Puerta deja a los que no conocemos nada del ambiente del fútbol más preguntas que respuestas, obviamente todas referidas a si se podía haber evitado su muerte. Este jugador profesional de elite, que estaba entrenado al límite, y sus aptitudes lo hacían cotizar como los mejores de Europa y el mundo, sufre su primera crisis y pierde el conocimiento en pleno juego, es socorrido por uno de sus compañeros, luego de algunos minutos se levanta por sus propios medios, aquí la primera pregunta: ¿ no hubiese sido mejor llevarlos en camilla y asistirlo en el trayecto por profesionales médicos? En el ambiente del fútbol profesional donde se mueven centenares de millones de euros, es difícil entender que estos jugadores tengan problemas congénitos y no hayan sido detectados por los profesionales de la salud antes y no después de su muerte. ¿Qué hace que ciertos estudios médicos se pasen por alto? Para nada pienso que es por economía. Es verdad que los deportistas de elite, como son los profesionales del fútbol, dan señales estadísticas que la inmensa mayoría goza de buena salud, se hace remota la idea de que un jóven de 22 años pueda morir como consecuencia de cinco infartos seguidos.
Existen historias de jugadores que han sido rechazados en la compra por habérseles encontrado algunos problemas de salud. En la mayoría de los casos se encontraron problemas que habían dejado lesiones profesionales, que en la vida deportiva son frecuentes y de distinta gravedad. En estos casos los clubes, sus dirigentes, etc. cuidaron por un lado, las finanzas y por otro lado al jugador. Cualquiera sea el sentido es comprensible y bueno, se ajusta a lo que debiera ser siempre.
Ahora... Si alguien es atropellado en la calle por un vehículo, todos sabemos que lo primero de la ayuda es pedir ayuda, esto significa, llamar a una ambulancia con su respectivo médico, si es posible indicar como está la víctima. Se recomienda no mover y dejar que pueda respirar libremente.
Sin ser del todo fatalista, igual comprendo, que, cuando nos llega la hora de morir se responde al ciclo natural de lo que comprendemos como vida, pero como sin darnos cuenta, no se incluye ni a los niños ni a los jóvenes de 22 años en esta posibilidad. De lo que quiero estar seguro es que el profesionalismo médico y la ponderación del riesgo ha sido totalmente tenido en cuenta. Que la sistemática científica en la atención de un enfermo se realiza conforme a lo estudiado en las prestigiosas universidades o por lo menos lo que se ha estudiado en los manuales de socorrismo. Que los clubes den cuenta SIEMPRE del cuidado de sus intereses, pero, por sobre todo de lo más importante, que es la vida del jugador profesional.
Parece que aun los médicos deportólogos tienen mucho que investigar o mucho que atender desde otra óptica.
Desde hace 2.500 años la historia da cuenta de estos casos.
En el año 490 AC., los Griegos habían derrotado a los persas en la batalla de Maratón y Pheidippides tenía la tarea de llevar las buenas noticias a la ciudad de Atenas. Cuentan los historiadores que Pheidippides murió al término del recorrido de 35 km.
Si esto no se recuerda como ejemplo, demos cuenta científica de las últimas 200 muertes por infarto en menos de un año de deportistas de elite. Los que no sabemos de medicina, nos preguntamos si los exámenes exaustivos junto a la moderna tecnología se están usando correctamente y con todos estos deportistas.

José Mario Pérez González

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